Bajame la lámpara

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Por Fabián D´Amico

Bello concierto de palabras ideado por Francisco Pesquiera e interpretado por tres grandes actrices.

Hay muchas maneras de expresar los sentimientos y otras tantas de corporizarlos. Textos, melodías,imágenes, con el cuerpo, pero es la palabra la que sintetiza muchos lenguajes en uno. Hay palabras dulces,hirientes, dolientes, muchas vacías y varias que irradian tristeza, como las que salen de la boca de las protagonistas de Bajame la lámpara.

Con el antecedente de la presentación de Dame la mano, su primer libro de poemas, Francisco Pesqueira escribe su primer espectáculo teatral centrado en poesías propias y en particular de tres poetisas rioplatenses: Idea Villariño, Alejandra Pizarnuk y Alfonsina Storni. Tres figuras abordadas por Pesqueira en su libro y a las cuales vuelve a recurrir para hacer conocer a través de su verba y poética las vidas traumáticas de estas damas de las letras .

El autor elige poner un filtro entre las poetisas y el público mediante las mucamas que cuidaron en vida a estas mujeres. Tres seres –en un principio ficticios- que narran las oscuras existencias de Idea, de Alejandra y de Alfonsina. Anécdotas de amores truncos, de hombres fatales o de ausencia de hombres, de hijos ausentes y de hijos asustados por sus propias madres. Un título elegido por Pesquiera nada arbitrariamente ya que la zamba “Bajame la lampara un poco mas” toma el ultimo poema de Alfonsina Storni “Voy a dormir” donde la protagonista del poema le solicita esa acción a su nodriza de paz.

En una comunión precisa de idas y vueltas las tres mucamas llevan a los concurrentes a un mundo onírico y cruel a la vez en el cual las amas buscan más la muerte que la vida, el pasado antes del presente. En ese devenir, las sirvientas cuentan su propia historia que no dista mucho del clima sombrío de Alejandra que se suicida a los 36 años o de Alfonsina que decide internarse en el mar al enterarse de su enfermedad terminal.

Bajame la lampara es un bello concierto de palabras, donde la belleza radica en como el autor ve y recrea lo oscuro, lo sombrío, lo inevitable. A diferencia de sus anteriores creaciones donde la nostalgia se presenta mediante películas compartidas por muchos, canciones emblemáticas de una época particular y sobre todo mucho humor, aca esa morriña del pasado se tiñe de dolor, como rescatando parte de un pasado adolescente de lectura primera de esas literatas.

Un espacio escénico donde una gran tela blanca cubre muebles y lámparas en desuso ,que apenas alumbran, refuerzan la idea de lo pasado, de cosas sin vida veladas por un manto de olvido y albergan a las tres actrices vestidas de riguroso negro en contrapunto de la pulcra blancura de la guitarrista, como si las melodías iluminaran algo ese relato oscuro.

Tres grandes interpretes guiadas en una delicada y precisa puesta en escena de Emiliano Samar quien dosifica a la perfección los climas, los tonos y los gestos de las actrices en una cercanía casi ceremonial con el público. La perfecta dicción en su decir y la fuerza en el cantar de Mirian Martino cohabitan con la energía visceral de Stella Matute y ambas tiene el privilegio de compartir escena con Lida Catalano quien con una plausible naturalidad conduce a todos por un sinfín de sensaciones y sumerge a la audiencia en un éxtasis de placer auditivo y sensorial.

¿Se animan a entrar a un teatro y disfrutar solo de la poesía? ¿Se arriesgan a escuchar palabras y que en su mente se dibujen imágenes que solo ven sus oídos? ¿Pueden abstraerse de los sonidos cotidianos para nadar en aguas mansas de otras épocas? Si responden que SI a estas preguntas, no se pierdan Bajame la lampara.