Hotel Neurotik

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Por Fabián D´Amico

Gran actuación de Omar Calicchio en un musical nada convencional con la firma del creador de El cabaret de los hombres perdidos. Personal mirada de Gonzalo Castagnino desde la dirección.

En un discurso teatral, el principal responsable del éxito o fracaso del mismo es el director. Su mirada, su intención, la conducción de las acciones hacia un lugar-espacio-tiempo determinado es menester propio y excluyente. Por eso, cuando frente a un texto teatral la decisión arriesgada de conducir al mismo por senderos nada complacientes, no hay otra palabra o sensación más que la de asombro y complacencia. Esto ocurre con Hotel Neurotik y con la toma de decisión de su director, Gonzalo Castagnino, de dejar de lado la risa fácil y simplona- el texto abre ese camino posible- y navegar por aguas menos calmas como las de la incertidumbre. Cada escena de la pieza genera curiosidad por cuál será la siguiente acción, hasta un desenlace nada previsible y sorprendente.

La acción se desarrolla en un hotel de vacaciones de la Costa Normanda al cual llega Lady Margaret, una exótica mujer con aires de diva cuyo comportamiento es nada cordial. Todo le molesta y por nada está conforme. Atosiga a la recepcionista con el pronto despacho de su equipaje, no tolera un cuadro colgado sobre la cama, no le place la vista desde su loft. Ante la insistencia a la recepción, el bellboy golpea la puerta con el equipaje. En el mismo instante en que Lady Margaret posa su mirada en el joven, una historia de amor comienza, con la salvedad que el romance es solo capitaneado por la mujer, ya que el empleado solo está interesado en las propinas de la acaudalada huésped. Comienza asi una vorágine de pasos de comedia en donde el botones interpretara a diversos personajes creado por Lady y todos locamente enamorados de ella, hasta un final nada previsible y fatal.

Una pieza en donde la dramaturgia de Cristian Siméon, solo es sustento para el desarrollo de las disparatadas acciones, matizadas con canciones que hacen a la trama y con un estilo de Kabaret francés ejecutadas en vivo al piano por Juan Pablo Schapira, que poca explicación racional tiene su presencia y la del instrumento en el cuarto de hotel. Lo valioso en la versión nacional de Hotel Neurotik- gran suceso en Francia, su país de origen- es la interpretación de Omar Calicchio en una labor descollante.

Calicchio no actua a Lady Margaret, la vive, la respira. La vasta experiencia del actor en el transformismo le facilita su creación a la hora de lo exterior (movimientos, vestuario, maquillaje) pero en Hotel Neurotik la mujer del actor es auténtica, es verdadera, no hay imitación o paradia hacia un mujer, sino una recreación valiosa y por momentos emotiva.

Junto a Calicchio, Federico Barón como el “boy” de la obra se muestra contenido y muy marcado desde la dirección. Si bien el rol podría ser propicio para el desborde Castagnino prefirió mantenerlo dentro de un estilo casi naturalista y no utilizar el histrionismo de Barón en la comedia permitiendo verlo en otra cuerda distinta a su desternillante actuación en la obra Salvajes donde compuso a un rugbier de barrio norte con todos los cliches que esto conlleva-.

Con un desenlace imposible de develar y dentro del kitsch ámbito escenográfico firmado por Rene Diviú, Hotel Neurotik abre el juego de cierto empoderamiento femenino, cuando este está sustentado por el poder que da el dinero y hasta donde una mujer puede llegar para mantener vivo- aunque sea a base de teatralidad- un amor perdido.