Las heridas del viento

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Por Fabián D´Amico

Dramaturgia arcaica para un tema interesante. Gran trabajo de Miguel Jordán.

La edad de una obra de teatro no tiene relación con la historia que cuenta o la manera en que se presenta. En muchos casos, como ocurre en Las heridas del viento del multipremiado autor español Juan Carlos Rubio viene del lado de la retórica de la pieza y en el discurso que el director elije para el relato.

El padre de David muere y este es el encargado de vaciar el departamento de su progenitor. Entre las cosas que encuentra hay un manojo de cartas de amor anudadas con una cinta de color. Son cartas de amor que un hombre le envía en vida a su padre, hecho que distancia aún más la relación entre padre e hijo, casi inexistente y lejana. David se propone encontrar a este hombre y con ese encuentro descubrir un lado desconocido- y tal vez amoroso- de quien le diera la vida.

La reunión ocurre pero la verborragia del excéntrico enamorado lo desborda y hace que el rechazo hacia el -y en parte hacia su padre- sea mayor. La curiosidad tiene mayor fuerza que el desagrado y estos seres solitarios tienen más de un encuentro donde las verdades salen a la luz y las esperanzas de David de acercarse a su padre desaparecen.

Gastón Marioni opta por una puesta en escena minimalista donde el foco de atención esta en los actores y en lo que estos dicen. El mayor problema de dirección es aumentar la brecha ya existente en la obra entre ambos personajes. Marioni dibuja al amante como un gay esteriotipado en sus gestos ampulosos y en su decir declamatorio, como si fuera un personaje salido de una obra del siglo de oro del teatro español, diseño de personaje al que Miguel Jordan le saca todo provecho posible y crea un ser tan querible como irreal para nuestros días. Junto a el Mariano Fernandez como David, se debate entre la introspección y la inexpresividad, no quedando en claro si el sufrimiento de su personaje es el desconocer a su padre o un descontento por su vida gris.

Una pieza con tema actual pero con un marcado carácter de "época" en su verba- y que no parece escrita por el mismo ingenioso autor de TRES, divertida comedia vista por el público argentino hace un par de temporadas- tiene como principal mérito el merecido y tardío protagónico de un gran- y poco reconocido- actor nacional como lo es Miguel Jordán, quien prestigia siempre todo espectáculo que lo cuenta en su elenco.