Quimera de un artista

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Por Fabián D´Amico

Escenificación mimética de los hitos fílmicos de Charles Chaplin con lograda estética y ritmo sostenido.

La definición de quimera es clara y precisa y argumenta que es un “sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice”. Muchos artistas ven sus proyectos transformados solo en sueños, otros como Gabriel Devoto lo hacen realidad. Esa es la sensación que se siente en el saludo final de Quimera de un artista, cuando su creador agradece a todos y exhala un suspiro en el que se escucha con mucha emoción “se pudo estrenar quimera”. Un sacrificio por el que transitan todos los hacedores del teatro alternativo, con el plus adicional que esta producción es el proyecto de graduación de su creador dentro de la carrera de director de teatro de la UNA( Universidad Nacional de Arte).

Un trabajo muy ambicioso es el de teatralizar la figura de un icono de la cinematografía mundial como Charles Chaplin con mínimos recursos humanos y materiales. Una visión muy personal y a la vez controversial a la hora de decidir materializar una biopic en una transposición teatral. Una de las primeras contraposiciones que surgen a la hora de ver y analizar Quimera de un artista es la enunciación de la misma en el programa de sala. Si bien es cierto que la discusión género-estilo ya está dirimida, hay una gran diferencia entre una obra de teatro convencional (texto-actores-puesta y dirección) y una representación teatral como lo es Quimera de un artista.

En esta propuesta no hay un texto o dramaturgia que sostenga el relato sino un buen guion que hilvana momento emblemáticos de Chaplin en su carrera fílmica en una lograda conjunción de cortos reales del actor con lo que sucede en el escenario. Desde los comienzos de Chaplin con clásicos humorísticos hasta las más comprometidas escenas de El dictador son pergeñadas y escenificadas por Devoto Un trabajo tanto de puesta como actoral más cercano a la mímesis (certera por cierto) que a una creación o versión sobre el actor, que hacia el final de la pieza se agregan monólogos que menguan la magia de la pantomima. Gran parte del mérito visual se debe al trabajo artesanal de Maria Eugenia Gonzalez Choque en multimedia y el vestuario de Mariana Perez Cigoj.

Gabriel Devoto se luce en su doble rol de director y actor protagónico junto a un entusiasta elenco que lo secunda. Una apuesta que tiene frutos plausibles y que abre un camino auguroso para el actor-director de Quimera de un artista.