Whisky, drogas y misterio

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Por Fabián D´Amico

Una anécdota interesante con un desarrollo dramático débil donde la puesta y dirección de Joaquín Bonet y la actuación de Eliseo Barrionuevo prestigian el producto final.

Muchas propuestas teatrales tienen su fundamento en lo perfomático, en lo sensorial o vivencial. Una historia simple, una propuesta meramente anecdótica como disparador de situaciones potentes sin un sustento argumental firme que genere acciones dramáticas y en donde lo interesante proviene del discurso que el director elabora en base a tan débil andamiaje. Tal situación se presenta en Etiqueta Azul, de Patrica Liguori, donde lo espacial, lo extradiegetico, lo meramente estético y el trabajo de dirección y puesta generan un atractivo peculiar y disfrutable.

Al ingresar al Kafka el público es invitado a participar de una “previa” como si en lugar de asistir a una representación teatral fuesen parte de una fiesta electrónica. Un salón con dos barras, con vasos de whisky para degustar, música fuerte con luces potentes y vivaces hacen del ese sitio el vip de una disco. Una vez en la sala, la audiencia rodea una especie de oficina, con un sillón donde duerme una joven con escasa vestimenta y un hombre muy nervioso que no hace otra cosa que deambular por el sitio, consumiendo cocaína y tomando bebidas alcohólicas.

Cuando la mujer se despierta, todos quienes están viviendo esa escena comienzan a desasnarse de a poco de la situación. Chico que conoce a chica en el vip, chica que se emborracha, se van juntos del boliche y amanecen en una oficina. El problema es que la persona que le franqueo la entrada al lugar los deja encerrados y a partir de ahí comienzan una serie de desconfianza de la mujer hacer Juan, un hombre de origen humilde y mal carácter que no hace más que encrudecer el nerviosismo de la mujer.

La reconstrucción de la noche previa, de como salieron del vip y llegaron a ese sitio van dando pistas, alguna muy obvias y delatadoras, y otras un tanto remanidas y poco claras que van dando luz a este triller que debería haber sido una comedia romántica en la cabeza del muchacho pero que se convierte en una pesadilla de la cual ambos quedan envueltos y salpicados. Si bien el inicio la historia resulta interesante, los diálogos son pueriles y vacíos, como si en lugar de presenciar una discusión de dos adultos jóvenes, éstos serían adolescentes debatiendo por algo nimio, hasta llegar a un final abrupto con más interrogantes que respuestas.

El trabajo de Joaquin Bonnet es lo más interesante de la propuesta. La creación de un dispositivo escénico que pone a los actores a un distancia mìnima con el publico creando un clima asfixiante y claustrofóbico más una adecuada dirección de actores permite que Etiqueta Azul- a referencia de un whisky de categoría- sea un producto interesante de ver. Interés que desde lo actoral despierta la excelente actuación de Eliseo Barrinonuevo. Un difícil personaje plagado de conflictos, adicciones y debilidades ocultas tras la apariencia de un ser nervioso y violento. Una labor con infinitos tonos y climas y que denota un trabajo de dirección preciso y minucioso, donde la cercanía del público no permite otro tipo de artilugios más que un instrumento afinado en manos de un director inteligente. Junto a Barrionuevo, Malena Sánchez,como el objeto de deseo acompaña bien a Juan, eje central de la pieza.

Etiqueta azul transita un género teatral poco visitado, un discurso efectivo y buenas actuaciones para una interesante producción del off nacional.