Lo que la revista porteña nunca se atrevió a mostrar

in Nota principal
Por Fabián D´Amico

Taboo es el nuevo y atrevido show para adultos de Flavio Mendoza. Erotismo, desnudos a granel y por sobre todo buen gusto y talento en un espectáculo bisagra para el género revisteril.

En 2017 se cumplen 32 años del estreno en Buenos Aires de un osado musical nacido en el off broadway neoyorkino en la década del 70.Oh Calcuta! pasa sin pena ni gloria por la cartelera porteña pero deja un sello en las producciones de ese estilo, un antecedente que la crítica especializada de la época señala como “lo que la revista porteña nunca se animó a mostrar”. Desde el comienzo del show, con el elenco ingresando desde la calle por el pasillo central de la sala y ejecutando el primer número “Quitándonos la bata” donde todos se despojaban de su ropa, se vestían con una bata blanca la cual dejaban caer al poco tiempo, la obra plantea un tratamiento adulto y desprejuiciado sobre el cuerpo, la indagación del cuerpo por los niños, el sadomasoquismo y los intercambios de parejas. Temas comprometidos y cuadros donde el desnudo se muestra sin tapujos, nunca hicieron mella en la etapa de decadencia del género porteño por excelencia como la revista ni en el transcurso de décadas posteriores, para llegar a las actuales propuestas, plagadas de nostalgia, homenajes a artistas muertos y un contenido naif y apto para todo público donde el topless es la máxima provocación.

Flavio Mendoza apuesta a revertir esto con Taboo, su nuevo show “solo apto para mayores de 18 años” con aroma de cierto desparpajo que solo podía verse otrora en el Maipo o en El Nacional pero con un estilo y formato más cercano al varieté. Un presentador ataviado en elegante esmoquin de color y sombrero de copa alterna con la platea mientras comienza el espectáculo. Cuando todo está preparado, este personaje invita a todas a traspasar una puerta, a entrar en otra dimensión, a entregarse al placer. Unos golpes en la pesada abertura dan ingreso al escenario a un exótico fauno y una fauna de diversas criaturas que invaden el espacio con su descontrol y glamour. Ya nada será igual en la noche- ni en el estilo propuesto por Mendoza- con el inicio de Taboo.

Hombres, mujeres, transformistas, travestis copan el escenario entre números musicales, cuadros musicales, freaks, magia, mucho de gore con sangre y cortaduras varias y monólogos a cargo de Gonzalo Costa enfundado en un catsuit trasnparente con todo el estilo de Nelida Roca. Desnudos femeninos, masculinos, grandes bacanales y mucha de la tecnología a la cual Mendoza tiene habituado a su público al servicio de un espectáculo integral con tanto de transgresión como de buen gusto y calidad artística. Hay números que no pueden dejar de mencionarse como el de la cama que se suspende en el aire y el gran impacto de la noche como lo es una gran red que pende sobra la platea y sobre la cual esta trepada gran parte del elenco con solo zapatos como vestuario. Cuando todo está por finalizar y nada más podría llegar a impactar a la audiencia, el número final es tan atrevido como bienvenido.

Un equipo técnico soñado que acompaña a Mendoza en todas sus producciones (Del Mastro- Vecco- Vilas) deleita la vista con una puesta de luces magistral, proyecciones de alto impacto y toda la adrenalina en los números aéreos que los bailarines realizan sin ningún tipo de protección. La presencia siempre aplaudida de Mendoza sobre el escenario, un hallazgo como lo es la bailarina y maga Dolly Kent, el sensualismo de Gisela Bernal y las excelentes voces de Micaela Romano, Martina Luperdo y Adrian Arellano conforman las atracciones principales acompañadas de un elenco de cuerpos tallados y mucho talento acrobático.

Con Taboo Flavio Mendoza marca un antes y un después en las próximas producciones de corte revisteril y obliga a todos quienes pretendan brindar espectáculos para adultos, dejar de lado las medias tintas y, sin entrar en lo grosero o procaz, brindar modernos discursos adultos alejados de los tiempos pasados y experimentar con estilos, modas y tendencias modernas. Como se argumentaba en el principio de la nota, Taboo también muestra “lo que la revista porteña nunca se atrevio a mostrar”